Escupire.sobre.sus.tumbas.capitulo.28
Detrás de ellos, la página quemada de la libreta seguía ardiendo en el cenicero. Las cenizas volaron por la habitación como una pequeña profecía.
—Lo sé.
La noche anterior había enterrado a Joe. No con tierra, sino con un hierro. Lo recordaba con una claridad enfermiza: el sonido húmedo del golpe, el crujido de las costillas cediendo como ramas secas. Joe había sido el último eslabón de una cadena que se remontaba hasta el verano del odio. El verano en que Mary, su hermana pequeña, había aparecido flotando en el río con los ojos abiertos mirando un cielo que ya no existía. Escupire.Sobre.Sus.Tumbas.Capitulo.28